viernes, 1 de mayo de 2009

1ro DE MAYO

GUERRA DE MALVINAS:

UNA HERIDA SIN SANAR


El bautismo de fuego de la aviación y el hundimiento del ARA “Gral. Belgrano”



Por Andrés Mendieta


“A vosotros jóvenes argentinos, compañeros pilotos de combate, quisiera deciros toda mi admiración, A la electrónica más perfeccionada, a los misiles antiaéreos, a los objetivos más peligrosos que existen, es decir que a los buques que hicisteis frente con éxito. A pesar de las condiciones atmosféricas más terribles que puedan encontrarse en el planeta, con una reserva de apenas pocos unos minutos de combustible en los tanques, al límite extremo del radio de acción de vuestros aparatos, habéis partido en medio de la tempestad, en vuestros Mirage, vuestros Etendar, vuestros Etedard, vuestros A-4, vuestros Pucará, con escarapelas azules y blancas. A pesar de los dispositivos de defensa antiaérea y con los misiles de buques de guerra poderosos, advertidos con mucha anticipación por sus radares y los satélites norteamericanos, habéis arremetido sin vacilar. Nunca en las historias de las guerras desde 1944, tuvieron aviadores que afrontar una confusión tan terrorífica de obstáculos mortales, ni aún los de la RAF sobre Londres en 1940 o los de la Lufwaffe en 1945., Vuestro valor nos ha deslumbrado mucho y no sólo el pueblo argentino no debe olvidaros nunca, sino somos muchos los que en el mundo estamos orgullosos de que seáis nuestros hermanos pilotos. A los padres y a las madres, a los hermanos y a las hermanas, a las esposas y a los hijos de los pilotos que fueron a la muerte con el coraje más fantástico y asombrosos, los digo que honraron a la Argentina y al mundo latino. ¡Ay! La verdad vale únicamente por la sangre derramada y el mundo cree solamente en las causas cuyos testigos se hacen matar por ella”.


Estas tan significativas palabras fueron vertidas en una carta por Pierre Closterman, aviador francés retirado, uno de los ases de combate aéreo de la 2ª Guerra Mundial a la heroica acción de los jóvenes “halcones” argentinos. No tan sólo estas loas partieron de Closterman sino también valoradas por expertos aviadores que participaron en diferentes conflictos bélicos después de 1945.


El 1 de mayo de 1982 los británicos abrieron sus ataques sobre las islas Malvinas desde el aire cañoneando el aeropuerto a las 4,40 y detrás de incesantes ataques al mismo flanco las acometidas se arrastraron a la pista de Ganso Verde. A las primeras horas de la tarde naves inglesas encauzaron su fuerte cañoneo sobre Puerto Argentino.


Los miembros de la Fuerza Aérea Argentina de ninguna manara habían sido instruidos sobre la conjetura de operar sobre las islas del Atlántico Sur y careciendo de medios aptos para la lucha contra blancos navales asumieron la responsabilidad de defender la soberanía, haciendo base en aeródromos Trelew, Comodoro Rivadavia, Santa Cruz, San Julián, Río Gallegos y Río Grande operaron.


El alto grado de capacitación recibida con muchas horas de vuelo en tiempo de paz y frecuentes prácticas de combate permitió que en los empeños decisivos contra los blancos británicos se mostraran extremadamente peligrosos.


Los pilotos recibieron la orden de comandar sus aviones para dirigirse al mar y pelear. Una guerra sin tregua. Avión contra avión. Bombarderos contra la flota británica. Los pilotos argentinos eran concientes de que ya, en el aire, no tenían tiempo ni siquiera para tener miedo. Había una sola misión: atacar. Sabían donde estaba el enemigo, pero no el adversario silencioso: los misiles. El cielo estaba cubierto. Existía poco visibilidad. No se podía ver el suelo de las islas, la flota enemiga, los aviones.


Todo era gris. Desde el aire sólo se escuchaba el cañoneo de los buques, los misiles antiaéreo.


Por la frecuencia del equipo VHF, con mucha interferencia, se escuchaban gritos de alegría porque se hacía blanco en un barco o porque se derribaba un Harrier. Los aviones trataban de volar de a dos, lo más cerca posible para poder protegerse.

Sobrevolaron las islas, los 600 kilómetros, recargaban sus bombas y retornaban al continente con la misión cumplida: con el mínimo de combustible en sus tanques y con la satisfacción de haber vivido horas de violencia. Aquí no había terminado todo. La alarma sonó tanto en horas de la tarde como en la noche, y los pilotos solo tenían tiempo para colocarse el casco y trepar a la máquina.


El 1 de mayo, por parte de las fuerzas aéreas hubo tres ataques. El primero en horas de la madrugada; a la tarde, a las 18,30 y por la noche la batalla continuó.



*LA MUERTE DEL ARA GRAL. BELGRANO


Al día siguiente del bautismo de guerra de los componentes de la Fuerza Aérea Argentina en el Atlántico Sur, aquel 1 de mayo de 1982, el crucero “A.R.A. General Belgrano” hizo honor a su lema: “Irse a pique antes que arriar el pabellón nacional”.


La bandera fue lo único que se vio. Era día sábado. El veterano buque que durante la Segunda Guerra Mundial surcó los mares bajo el nombre de Phoenix, lo adquirió el gobierno argentino y fue bautizado con el nombre de “A.R.A. General Belgrano”.


El navío argentino viajaba escoltado por los viejos destructores “Bouchard” y “Piedrabuena” y de un buque tanque fuera de la zona de exclusión. En el “Belgrano”, buque de cuarenta y cuatro años de edad, sin elementos de guerra antisubmarina ni sonar, viajaba una tripulación de 1.138 hombres, entre ellos varios salteños.


Está probado que durante 46 horas fue seguido por el submarino nuclear HMS “Conqueror”. Cuando eran las 16:55 de aquel aciago 2 de mayo de 1982 los ingleses dispararon dos torpedos contra el “Belgrano”, lo que le produjo una grave herida. Una herida de muerte.


Cuenta Carlos Augusto Landanburu que a esa hora el mar estaba agitado, las crestas de las olas llegaban a los cuatro metros y la niebla era interminable. El viento helado soplaba a 50 kilómetros/h. y en aquel ataque murieron 368 hombres.


El resto de la tripulación logró salvar sus vidas gracias a su adiestramiento, disciplina y elevado espíritu. El submarino anglosajón atacó además al destructor “Bouchard”, pero el torpedo nunca llegó a estallar. La agresión británica no llegó hasta allí. El 3 de mayo un helicóptero atacó al Aviso “Alférez Sobral”, que navegaba con la bandera de la Cruz Roja en misión de rescate. En esa ocasión murieron ocho marinos.


Para concluir sólo me permito insinuar que a la heroicidad de la guerra de las Malvinas no la hundan en el olvido junto al “Belgrano”.


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