lunes, 16 de marzo de 2009

¿…y que Dios los ayude cuando les cierren el portón!!!




CUANDO CIERREN EL PORTÓN.



Hace ya unos meses, en una tibia y soleada mañana de invierno, anduve por Entre Ríos por razones de negocios y fui invitado a visitar una finca propiedad de un paisano alemán del Volga donde elaboraban jamones caseros.

Al pasar por un chiquero, me llamó la atención el porte de una chancha amamantando a unos cuantos lechones.

Para salir de la curiosidad, le pregunté al hijo del patrón que me estaba atendiendo de qué raza eran esos chanchos.

-“Son de raza “argentina”…pero espere que lo llamo a mi padre, que a él le va a gustar contar la historia.

Por la puerta de la cocina emergió don Helmut, un gigante de cabellos blancos que se desplazaba dificultosamente asistido por un bastón de 3 patas y me invitó a sentarme a la mesa de la galería donde estaba un enorme botellón de alcohol de nuez de no menos de 60º.

-¿Ud. sabe como se cazan los chanchos salvajes del monte?-me espetó el paisano sin más trámite, mientras me servía un vasito chato de ese brebaje.

-Bueno, creo que con perros que “los paran” y un fusil que los sacrifica.-le contesté prudentemente, presintiendo que la historia venía por otro lado y que el viejo sabía más que yo…

-En este caso, no es así- me dijo don Helmut y prosiguió:

-Y cuándo le diga como los cazo yo, Ud. Va a poder entender porqué se los llama de raza “argentina” y si es un hombre inteligente, podrá sacar algunas conclusiones acerca de por qué a los argentinos les va como les va.

-En el fondo de la finca, detrás de aquella cortina de álamos que Ud. ve, y hasta la costa del río, hay un monte inculto y sin trabajar. Dentro de ese cuadro, suele haber chanchos salvajes del monte.

-Para cazarlos hay que comenzar por buscar un manchón sin matorrales y tirar un poco de maíz en el piso. Cuando los chanchos lo descubren, van a comer todos los días, y Ud. Solo tiene que reponerles diariamente la ración.

-Una vez acostumbrados, construye una cerca en uno de los lados del sitio y les sigue poniendo alimento. Por unos días van a desconfiar, pero después terminan por volver.

-Entonces hace otra cerca de continuación de la anterior, y sigue poniendo comida hasta que dejan de dudar y regresan a comer.

-Y así sucesivamente, hasta que casi cierra los cuatro lados y solo deja una abertura para el portón.

-Ya para entonces se han acostumbrado al maíz fácil, le han perdido el miedo a las cercas y entran y salen casi con naturalidad.

-Entonces Ud. va y coloca el portón, lo deja abierto y sigue poniendo maíz. Hasta el día que va al corral, encuentra la piara comiendo, y le cierra la puerta. Al principio empiezan a correr en círculos como locos, pero ya están sometidos. Muy pronto se tranquilizan y vuelven al alimento fácil que ya se olvidaron de buscar por sí mismos, y aceptan la esclavitud.

-Uds. Los argentinos no se dan cuenta que estos gobiernos populares y demagógicos que tienen, proceden de la misma manera que yo con los chanchos.

-Les tiran maíz gratis disfrazado de programas de ayudas, planes sociales, empleos públicos, cargos políticos, sueldos para ñoquis, subsidios para cualquier cosa, leyes proteccionistas, sobornos electorales. Todo a costa del sacrificio de las libertades que les van confiscando migaja a migaja…

-Y los argentinos no se dan cuenta que no existe la comida gratis, y que no es posible que alguien preste un servicio más barato que el que uno mismo hace.

-¿Acaso no ven que toda esa maravillosa “ayuda” que reparte el gobierno, lo hace con los poderes que el pueblo permite que se arroguen, para depredar las libertades y los bienes de la gente que trabaja y que produce?

-¿Pero como pueden vivir en un paraíso y tratar a toda costa de convertirlo en un infierno…?

-¿Cómo pueden crear constancia cívica, si los políticos forman cuadros de Borocotó…?

-¡¡¡ Sigan así-no más-, y que Dios los ayude cuando les cierren el portón!!!

Don Helmut se mandó lo que quedaba del cuarto vasito de un solo trago, y desapareció rengueando precipitándose por la puerta de la cocina.

Y yo, mareado por el alcohol, saludé al hijo, y me volví rumiando bronca
por el polvoriento camino de regreso a casa.



Fuente: Desconocida (rola por los e-mails)

Autor: Desconocido.

Un envío de: Raúl Daher.

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