domingo, 14 de junio de 2009

Gramsci

Por el: Dr Carlos Marcelo Shäferstein


Informe Especial para “La Historia Paralela”.
Culminaba diciendo en el informe anterior que de política escasamente entiendo, ni tampoco de esos mercaderes del ilusionismo que se denominan “políticos”. Y que lo único que me quedaba claro es que ninguno de los que se autodenominan “peronistas” realmente lo son, y que aquí no hay nada que plebiscitar… Porque todos hemos sido estafados. Hoy tengo necesidad de extenderme en esto para explicar y exponer la razón de mis afirmaciones para intentar dilucidar el grave problema político que está atravesando la Humanidad, justamente en vísperas de este embrollo electoral a que estamos sometidos todos nosotros, absolutamente confundidos con toda intencionalidad por parte del poder.

La historia contemporánea sufre últimamente una alteración preocupante y es la ideologización de su lectura. Desde España hasta Argentina, de Chile a Uruguay, desde Venezuela a Bolivia hay una constante: una revisión histórica alarmante por lo fraudulenta. Esta adulteración sataniza a una parte de las sociedades y convierte en víctimas a quienes en realidad fueron victimarios.

Estas revisiones históricas son promovidas por los “progresismos socialistas” —por decirlo sin eufemismo alguno: decididamente neo-marxistas— que en la cresta de la ola alteran y modelan una historia conveniente a sus intereses políticos. Pero esta “nueva historia” es incompatible con la verdad.

Lo están haciendo exitosamente el “chavismo” en Venezuela, el “kichnerismo” en Argentina, Evo Morales en Bolivia, el “frenteamplismo” en Uruguay, los socialistas en España con su “Ley de Memoria Histórica”, como si se pudiera legislar sobre cómo fue o no fue el pasado, en fin en todas partes aparece esta revisión y acompañada —cuando no encuentran resistencia— de una ilegal y normalmente desmedida persecución pseudo “jurídica”.[1]

El promotor intelectual de este sistema de la conquista del poder mediante operaciones de anfibológicas[2] para lograr la supresión de las identidades nacionales y alcanzar su objetivo marxista fue Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano (nacido en 1870 y fallecido en 1937, cumpliendo una condena de veinte años, cuatro meses y cinco días de reclusión en la Penitenciaría de Turín por atentar contra la vida de Mussolini).

Justamente su obra recopilada se editó como “Cuadernos desde la Prisión”. Los 32 Cuadernos —de complejas 2.848 páginas— que no fueron destinados para ser publicados, incidieron radicalmente en la táctica para la toma del poder en aquellas naciones aún no alcanzadas por el bolchevismo. En efecto, contienen reflexiones y apuntes inteligentísimos, toda una doctrina elaborada durante su reclusión, iniciados el 8 de febrero de 1929, que fueron definitivamente interrumpidas en agosto de 1935 a causa de la gravedad de su salud. Sus obras en general fueron editadas a partir de 1948, y particularmente los “Cuadernos…” recién compilados y puestos a disposición pública en 1975.[3]

Personalmente fui un estudioso de su asombroso y diabólico trabajo, que intenté transmitir en mis escritos, hasta que un viejo amigo me pidió que lo simplifique en dos palabras, como para que se lo haga más comprensible a los lectores en general.

Intentaré hacerlo, en homenaje a Jorge, que sufre —arbitrariamente privado de su libertad— las consecuencias de aquel intelectual de la izquierda recalcitrante e interesada que hoy domina vastos sectores del pensamiento de nuestros pobres paisanos, sumidos deliberadamente en la ignorancia con fines electoralistas y nunca realmente democráticos.

Antonio Gramsci —en efecto— abogaba por una revolución cultural, que precedería necesariamente a la toma del poder. Ese proceso de conquista es una verdadera guerra —definía— donde el objetivo era destruir a las Instituciones para imponer el comunismo.

En Oriente (el Imperio Ruso y China) el método era la “guerra de trincheras”. Estando la gran masa del pueblo empobrecido —a principios del Siglo XX— la revolución triunfó por el asalto de las clases sojuzgadas (los siervos) a los minúsculos grupos aristocráticos, que fueron abatidos definitivamente imponiéndose la ideología del Soviet.

Por el contrario, en Occidente, donde la diferencia de estratos sociales no es pronunciada y hay una clase media preponderante, la tarea de dominación está definida por Gramsci como una “guerra de posiciones”: Hay que asaltar uno a uno los pilares fundamentales de toda sociedad a conquistar. Fundamentalmente la Iglesia, para seguir con las Fuerzas Armadas y así quitarle al objetivo-blanco al dobelgar su espiritualidad (ser Soldado significa ser ético), porque Dios es reemplazado por el materialismo dialéctico; y su Defensa Nacional absolutamente neutralizada, de modo tal que cada país sea abatido sin resistencia.

Esa guerra psicológica es lenta y paulatina y se plasma mediante la tergiversación de los valores, de la historia y de las tradiciones. Se utilizan todos los medios culturales: los medios de comunicación y los programas de enseñanza educativa para arribar al resultado: la conquista del gobierno para eternizarse en él.

Dominación es la clave. Es el control absoluto del poder, que está dado fundamentalmente por la “hegemonía” cultural que las clases dominantes logran ejercer sobre las clases sometidas, a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación. La hegemonía es, por lo tanto, el ejercicio de las funciones de dirección intelectual y la neutralización de la moral tradicional para ser reemplazada por aquella del dominio del estamento político.

Claro que cuando Gramsci falleció todavía no evaluaba la posibilidad de instalar el socialismo comunista en América Latina, iniciativa que surgió de Ernesto Guevara, y fracasó por el método tradicional de la violencia. La dirigencia de las “orgas”, lejos de aceptar la derrota en el campo de batalla, cimentaron su continuidad en la lucha sin prisa y sin pausa por los métodos señalados por Gramsci.

Esos regímenes ahora se denominan “progresistas” porque la palabra “bolche” suena vetusta, y conlleva una carga emotiva negativa para el público a dominar. La gente debe estar convencida en el novedoso concepto: “la redistribución de la riqueza”.


La profanación de la Iglesia (“Omnium Urbis et Orbis ecclesiarum mater et caput”)

En los últimos años, teólogos, laicos encumbrados, sacerdotes y aún obispos, llevan adelante un programa bien pensado y establecido de desacralización, que se puede sintetizar en la siguiente frase: "Hay que liquidar lo Sagrado"; de modo que no haya ya edificios sagrados, personas consagradas, música sacra, gestos ni lenguaje sagrados. La última raíz teológica de esta política es la negación de la Sacramentalidad, lo que lleva a considerar a la liturgia como una acción netamente humana según un ritual que depende del arbitrio de quien la celebre. De allí que haya misas que, con olvido de su carácter sacrificial, parecen encuentros en torno a una comida vulgar.

Por eso, por dar sólo un ejemplo, se dejó de celebrar el tradicional Tedéum del 25 de Mayo en la Catedral de Buenos Aires, donde correspondía evocar a la Revolución de Mayo. Igualmente se atacó por los flancos a la Iglesia Católica imponiendo, luego de la “teología de la liberación” la fórmula educativa de la “libre elección de la identidad sexual”, el desprecio por los valores que la disciplina religiosa proponía, llegando hasta el extremo de incentivar la “libertad” entre concebir o matar al niño por nacer, la libertad de consumir alcaloides aletargantes, y hasta la presunción de inocencia permanente de la criminalidad dentro de un perverso “garantismo” de una sociedad sin más reglas ni valores morales.

Finalmente así se llegó paulatinamente a divinizar ya no a Dios, sino a “la democracia” como verdadero culto, endiosada como la panacea absoluta que conduce a la felicidad terrenal, descartando la trascendencia. Para ello el régimen se valió de su aparato electoralista subvencionado, y modificó la estructura educativa, policial, de justicia y de salud, neutralizando también al Poder Legislativo como mecanismo de control de la República.

En ese orden, con ausencia de todo sentido de la ética, la renovación legislativa que se está gestando tiene la extraña fetidez de un “plebiscito” no autorizado. Las urnas de la “democracia” se parecen demasiado a la venturosa fatalidad de la lotería. Tanto da que la bolilla caiga en un agujero al que fue hábilmente conducida, como que un manojo de papeletas abrume a otro manojo. Aquello lo decide cualquier duende encargado de los azares de la timba; con la invaluable colaboración del espíritu corrupto de la Justicia, viciada de represalia o de histeria. Puro azar: un orquestado e inteligente fraude contra un candidato opositor —independientemente que ya no sabemos quién es quién en la eventual y sofística “oposición”— puede privarle del triunfo a última hora.[4]


La neutralización de las Fuerzas Armadas

Según un informe de la publicación “El Malvinense”, sobre el desmantelamiento de las Fuerzas Armadas argentinas y la identidad de los ejecutores de ese proceso: el poder financiero apátrida, con la complicidad de rutina del marxismo, la masonería y la casta política vernácula. Acompañaba esa información una nota anecdótica sobre la decisión del régimen marxista y masónico del Uruguay de admitir sodomitas en el Ejército. Medida que a su vez aplaude alborozado el presidente del Paraguay, individuo célebre por variantes más convencionales del repertorio sicalíptico, pero que ahora ve con interés electoral el avanzado principio jurídico de no discriminar a los ciudadanos por el estado de sus esfínteres.

En Argentina, precursora en la no discriminación de los futuros Cuadros de sus FFAA sucede lo mismo.

Refiriéndose a la indefensión argentina, decía “El Malvinense”[5]: “Las unidades de la flota de mar navegan un promedio de menos de 32 días anuales. La cantidad de buques de la Flota de Mar no supera la docena y se están herrumbrando por falta de pintura. La Armada no puede defender la soberanía nacional en la milla 201. Existen más de doscientos cincuenta buques pesqueros y factorías extranjeros en inmediaciones del límite de las doscientas millas… El poder aéreo de la Aviación Naval ha quedado reducido a tres aviones de reconocimiento y de carga, y sólo se poseen 2 aviones Super Etendard operables, claro que sin misiles a bordo. La Infantería de Marina, que supo ser en la época de Malvinas, la tercera más eficiente del mundo, hoy ya no existe… Sólo el 15% de la flota de combate de la Fuerza Aérea está en condiciones operativas… Es un grave peligro, sobre todo por la existencia del famoso aeropuerto inglés en la Patagonia, cuya pista es tan larga como la de Aeroparque de Buenos Aires y no posee ningún tipo de control.”[6]

En el Ejército, “…los terrenos de las unidades y regimientos se venden al mejor postor. Ni siquiera eso: se regalan, pues el objetivo es liquidar todo tipo de material, personal y unidades… disolver la defensa de la Nación, como sucedió con los países de Medio Oriente, para poder ocupar de una forma poco sangrienta al territorio que se desea usurpar.”

“Un estudio del Banco Mundial refirió que la Argentina es el país que menos dinero gasta en defensa en toda América del Sur desde el año 2005. Se ubica en el puesto número 26, de los más indefensos del mundo, con relación a su PBI y el gasto destinado a materia de Defensa. De 131 países, se ubica en los últimos 26. Argentina gasta lo mismo en defensa que Bangladesh, o que Albania. No olvidemos que Argentina era, hasta la claudicación del Beagle, un país bioceánico, la Antártida Argentina es casi tan grande como nuestro territorio continental. Congo y Nepal gastan más en Defensa que Argentina”.

Según el informe, la “solución final” para el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea tiene fecha cierta: “Para 2011 se pretende dar por finalizado el largo objetivo de la destrucción total de las Fuerzas Armadas. Dejar el camino libre para que el poder extranjero pueda no sólo extraer a través de sus empresas los recursos naturales, como ya lo está haciendo, sino evitar que cualquier gobierno o grupo político intente evitar el saqueo y entrega de los recursos naturales.”

Este vaticinio de un colapso militar de nuestro país en 2011 –en apenas dos años— invita a formular escenarios posibles de una República a punto de morder el polvo definitivamente.

No es un mal parangón comparar a Alemania tras el Tratado de Versalles, por lo aplastante de la derrota militar —tan absoluta como la que están sufriendo las FFAA argentinas —y por el hecho de que el intento de desmembramiento territorial será, en este país vencido, el resultado final del proceso de asfixia presupuestal, asesinato moral y persecución judicial—una victoria mucho menos costosa, en esta región —para nuestros enemigos— que la lograda por la alianza mundial de otrora contra el gigante germánico.

Aquella Alemania derrotada con fronteras abiertas a la voracidad de sus vecinos, que se abalanzaron a arrancarle jirones –en el Báltico, invasores estonios y lituanos con mandos ingleses; en la frontera polaca; en el interior con la insurrección comunista apoyada por el Ejército Soviético que a la vez irrumpía por el Este dejando la acostumbrada estela de terror; en el Oeste con el intento francés de crear un estado tapón en Renania; en el Sur con la ocupación del Tirol… Esa Alemania desarmada, hambreada y condenada por la “conciencia universal” que rugía: “Le boche payera tout”, no vaciló un instante en reaccionar con la creación de “cuerpos francos” que en mil batallas que era “imposible” ganar lograron mantener vivo el ser nacional, superando –por si algo faltara— la hostilidad del propio gobierno socialista de Berlín, cómplice de un mundo empeñado en cortar el resuello a la nación vencida.

“Ciertamente no hubo una sola localidad importante en Alemania en que no se haya desarrollado al menos una batalla en la posguerra”, escribe Ernesto von Salomon, el hombre que hizo justicia histórica a aquellos que él mismo denomina “Los Réprobos”. Pero veamos este cuadro conmovedor que traza el mismo autor (en su obra Nähe Geschichte - Historia Próxima), en esta hora tétrica en que necesitamos imperiosamente la certeza de que resistir y vencer es posible y alguien alguna vez lo logró.

Aquí von Salomon añade el factor que es el que distingue al pueblo de la masa: el líder. “En la masa de nuestros contemporáneos, pocos hombres son elegidos para tener un destino. Que ese destino sea encumbrado o cruel, viene de arriba, es, pues, una gracia. Pero sólo se transforma en mérito para aquel que sabe ser más grande que su destino”.[7]

Pero aquel ejército de “réprobos”, cuyo estandarte era “Trotzdem” (¡Pese a Todo!), cuyas más legendarias hazañas las cumplieron muchachos tan parecidos a los no menos legendarios subtenientes “en Comisión”, tiene para nuestra época una significación política tanto o más importante que la militar. Como observa agudamente von Salomon, la Nación, que como toda nación había nacido de un hecho militar, se había eclipsado en una forma política internacionalista, socialista, puesta allí por la fuerza por la coalición victoriosa, que despolitizó el ejército.

A través de la lucha por la defensa última de las fronteras violadas, “ese ejército meramente técnico, desideologizado, se transformó automáticamente en Wehrmacht con un sentido de patriotismo recuperado, cuando se les insufló espíritu. El peligro se trasladó al corazón de cada soldado: tan sólo la grandeza de su propia misión podía hacerlos fuertes para superponerse al conflicto interior”.

Fue una época –dice von Salomon— en que todas las posibilidades estaban abiertas. No sólo la posibilidad de defender las fronteras físicas, sino también la de acorazar los lindes morales e ideológicos de ese espacio llamado Nación que es el ámbito de nuestra libertad genuina y que por eso el adversario tanto se empeña en proscribir en los Institutos armados.

Lamentablemente, en Argentina no existe un Mariscal Hindenburg o un Teniente General MacArthur redentores que —sacrificando la beatitud o la bonanza de su apacible retiro— reagrupe los despojos de las FFAA reorganizándolas adecuadamente ante la ausencia o la falencia de mandos en actividad con voluntad o capacidad de hacerlo…

La Iglesia argentina y sus Fuerzas Armadas fueron, son y serán, por más leyes que saquen en contrario, los pilares fundamentales de la nacionalidad.

Si no surge un apóstol que las levante del lodo adonde fueron empujadas –casi con desprecio– y lave la afrenta, es oscuro el panorama e incierta la supervivencia de la propia República.



[1] APORTES DESDE LA OTRA MEMORIA HISTÓRICA – “La historia también es noticia cuando se quiere adulterarla”, publicado en Hispamérica del sábado 30 de mayo de 2009 http://agenciahispanoamerica.org/
[2] Confusión general planificada como método de guerra intelectual, tendiente a la pérdida de la identidad nacional.
[3] Gramsci, Antonio: “Cuadernos de la Cárcel”. EDICIÓN CRÍTICA COMPLETA a cargo de Valentino Gerratana. México, Ediciones ERA-Universidad Autónoma de Puebla, 2001. Traducción de Ana María Palos y revisión de José Luis González. Tomo 1: 452 pp; Tomo 2: 514 pp; Tomo 3: 504 pp; Tomo 4: 480 pp.; Tomo 5: 556 pp.; Tomo 6: 610 pp. Editorial Siglo XXI
[4] TEXTO EXTRAÍDO DE LAS OBRAS COMPLETAS DE JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA. (FE., núm. 1, 7 de diciembre de 1933. Tachado entonces por la censura, fue reproducido en “Arriba”, Nº 23, 12 de diciembre de 1935.)
[5] http://www.malvinense.com.ar/
[6] Véase la página de la Municipalidad de General Pueyrredón, donde, dentro del Plan Estratégico de la Ciudad, Mar del Plata se queda con la Base Naval para hacer un emprendimiento turístico, que se denomina “Plan Integrado Zona Puerto: http://www.mardelplata.gov.ar/IndexNw.htm
[7] Ernst von Salomon: Nähe Geschichte


Un envío de :Vicente González

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